miércoles, 25 de mayo de 2011

EL REGALO DE SÍ MISMO


El regalo de sí mismo, es un libro de Jose Ramón Urbieta que como lema tiene “Educarnos para educar”, por eso, a pesar de haberlo leído por otra asignatura quiero hablar de él aquí, y dejar un ejemplo de las pequeñas parábolas que el libro incorpora (Corazón de cebolla).
El libro enseña a entenderse, a reflexionar y a analizarse a uno mismo y con ello lo que pretende es que la persona recobre la ilusión, el deseo, la confianza y la seguridad, y esté motivada y en condiciones para educar.

Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles frutales y toda clase de plantas. Como todos los huertos, tenía mucha frescura y agrado. Por eso daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y a escuchar el canto de los pájaros.
Pero de pronto, un buen día empezaron a nacer unas cebollas especiales. Cada una tenía un color diferente: rojo, amarillo, naranja, morado... El caso es que los colores eran irisados, deslumbradores, centelleantes, como el color de una sonrisa o el color de un bonito recuerdo.
Después de sesudas investigaciones sobre la causa de aquel misterioso resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el mismo corazón, porque también las cebollas tienen su propio corazón, una piedra preciosa. Esta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquella un lapislázuli, la de más allá una esmeralda... ¡Una verdadera maravilla!
Pero, por una incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerante, inadecuado y hasta vergonzoso. Total, que las bellísimas cebollas tuvieron que empezar a esconder su piedra preciosa e íntima con capas y más capas, cada vez más oscuras y feas, para disimular cómo eran por dentro. Hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.
Pasó entonces por allí un sabio, que gustaba sentarse a la sombra del huerto y sabía tanto que entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntarles una por una:
- "¿Por qué no eres como eres por dentro?"
Y ellas le iban respondiendo:
- "Me obligaron a ser así... me fueron poniendo capas... incluso yo me puse algunas para que no me dijeran nada."
Algunas cebollas tenían hasta diez capas, y ya ni se acordaban de por qué se pusieron las primeras capas. Y al final el sabio se echó a llorar. Y cuando la gente lo vio llorando, pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas muy inteligentes. Por eso todo el mundo sigue llorando cuando una cebolla nos abre su corazón. Y así será hasta el fin del mundo.
He elegido esta parábola del libro porque me ha marcado y me ha parecido importante.
Al igual que las cebollas, pienso que cada niño es un mundo con una piedra preciosa centelleante diferente.
 Creo que esta particularidad no se debe ocultar, sino reforzar, no se le debe encubrir con capas y mas capas hasta que sean todos iguales y sin personalidad, pienso que por el contrario hay que fomentar sus singularidades orientándolas hacia lo positivo.
Desde mi punto de vista, la educación no debe pretender formar “robots” todos iguales, lo que sería muy triste, sino crear personas con lo que esto conlleva (sentimientos, saberes y personalidades diferentes)no enseñar qué pensar, sino cómo...

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